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jueves, 28 de julio de 2016

La Parrilla, Ribadesella

No son muchos, desgraciadamente, los restaurantes en los que comer un pescado de calidad dos o de calidad tres, en este país lleno de costas. es verdad que la ley hace todo lo que puede por fomentar esta situación,pero no es menos cierto que la mayor parte de la culpa es nuestra, de los consumidores, de nuestra falta de preparación y nuestra falta de exigencia. Por eso, reencontrarme quince años después y comprobar que la calidad de su producto sigue intacta, que los precios no han subido exponencialmente y que la atención sigue siendo la misma, me lleva a congratularme de todavía haya sitios en este país que no han sucumbido a la ley ni a la tentación de la comida de cualquier forma para el turista. Lo normal, cuando uno va a este bonito pueblo costero, es comer en la zona marítima, llena de bares y restaurantes, pero la excelencia está un poco apartada, frente a la gasolinera y en un local sin pretensiones. para comer como un obispo y pagar como un cura un os pescados y mariscos de magnífica calidad. Un pixín (rape) grande, fresco, jugoso. Unas navajas pequeñas pero deliciosas, bebidas, postre y chupitos por sesenta euros. Locales conozco en los que solo el rape, y de peor calidad, costaría más. muy recomendado.

La Parrilla
Palacio Valdés, 33
Ribadesella
985860288

sábado, 8 de agosto de 2015

D'Alvaro, Muxía

Hay ocasiones, circunstancias -es tarde y van a cerrar las cocinas, no tengo internet para consultar, todos ponen lo mismo, ...- en que a la hora de comer en vez de una selección haces una elección totalmente a ciegas, instintiva. Eso fue lo que nos pasó en este local de Muxía. Llegamos al pueblo tarde y pensando comer en un mercadillo con contenido gastronómico lo que en Galicia supone presencia de pulpeiras, empanadas, buen pan y algunas otras cosas con las que completar un almuerzo informal pero altamente satisfactorio. Llegamos tarde por la hora, las 15.30, pero temprano por el día, el mercadillo no abría hasta el día siguiente. Así que nos vimos en la tesitura de elegir con rapidez algún lugar en el que reponer las fuerzas gastadas en una caminata desde Fisterra al faro y vuelta.
Pues eso, elegimos sin ningún tipo de información previa y con la amenaza de quedarnos sin comer a causa de la hora. Nos dirigimos al puerto, que en en caso de pueblos marineros es lo lógico, y paseamos la vista con cierta aprensión turística por el entorno. Entre los varios lugares elegimos este porque su terraza era la más acogedora, sin más y, dado el día, sin intención de sentarnos en ella. La elección fue más que acertada
Pedimos un pulpo flambeado, especialidad de la casa y no sin antes haber visto pasar algunos con destino a otras mesas, unas almejas a la marinera y una carne a la piedra para dos. Aunque la elección de la carne pueda parecer paradójica en un pueblo marinero, conozco mi tierra y se que puedo hacerlo con un alto índice de acierto.
El pulpo abundante, bien cocido, es claramente una variación del pulpo a la gallega, no a feira, y está francamente sabroso, acompañado de unos cachelos ávidos del juguillo del pulpo que los empapa y de muy buena calidad y punto de cocción. Un plato redondo. Las almejas grandes, sustanciosas aún sin tener en cuenta la salsa, y cocinadas en una salsa sabrosa y densa, casi sólida. La carne del país, fileteada y servida, y esa fue una de las razones de pedirla, con un plato metálico instalado sobre una cocinita portatil de gas que garantiza la temperatura necesaria para su preparación sin altibajos ni cambios de utensilio, un hallazgo. Para finalizar unas cañitas, postre orensano que ha traspasado fronteras, con una masa que tenía, si lo buscabas, ese punto de sal que debe de tener y una crema rica para relleno.
No puedo juzgar por lo que no he comido, pero en las mesas de los alrededores, casi todo público nacional y casi diría que bastante local, se veía bastante fruicción comiendo unas abundantes y apetitosas, al menos de aspecto, masriscadas. La zona lo permite.
Resultado final, una gran e inesperada satisfacción completada a la hora de pagar la cuenta, con una botella de Terras Gauda y algún café, no llegaba a los 80 euros y habíamos comido tres personas sin ningún tipo de frugalidad. En mi opinión muy recomendable. 

D'Alvaro
C/ Marina, 22
Muxía
981 74 25 01

domingo, 26 de enero de 2014

Las Paleñas, Málaga capital

No se puede decir que esté en el centro de la ciudad o en alguna de las zonas turísticas. Esta cervecería, casa de comidas, bar, está en un barrio periférico, barriada Las Delicias, de la capital malagueña y por aspecto y público sería uno más entre los muchos que jalonan sus calles, pero su singularidad está en lo que contienen los platos que te sirven y los precios que has de pagar por ellos. Aunque su especialidad declarada son los pescados y mariscos, magníficos y sencillos, yo he probado uno de los más exquisitos arroces que han pasado por mi paladar. Y no le llamaban paella. Puedo decir que he comido como un cura y pagado como un mendigo.

domingo, 11 de agosto de 2013

Casa Duran, Pontevedra capital

Como decía la letra de una canción popular gallega "ela bonita non é". Esto es aplicable a Casa Durán, también conocida como A Porcona. Si alguien va buscando algo más que ingredientes de calidad, una cocina honrada con incursiones en la magnificencia y precios increíbles, si alguien pretende una atención servil, manteles de lino o un local "fashion" que ni lo intente, a Casa Durán se va a comer, a comer bien, abundante y barato.

Pero ciñámomos a la información. Nos presentamos en Casa Durán cuatro personas dispuestas a comer buen pescado y marisco fresco después de una excursión por Villagarcía de Arosa y de callejear un poco Pontevedra. No hay reservas. Al entrar por la puerta nos encontramos que el local está lleno y que tenemos tres o cuatro grupos por delante. Nos dirigimos a Manoliño que nos dice cuantos hay esperando y que en un cuarto de hora tendremos mesa. A partir de ese momento nos hace saber con regularidad que está pendiente  de nosotros y controlando la situación. Llega una pareja que dice que ya había estado antes y que habían pedido la vez a los que estaban primero. Manoliño les hace saber que no hay más vez que la que él controla,con educación pero con firmeza. No da lugar a debates. Al cuarto de hora estamos sentados y dispuestos a comer, y admirados por el espectáculo de una persona capaz de controlar dos comedores, las comandas, las recomendaciones, la cocina, el servicio y el turno de acceso a las mesas, a una velocidad alta y constante sin aspavientos ni concesiones al diálogo. Parece llevar una suerte de bicicleta invisible que le permite estar en todos los lugares en los que es necesario y en el momento en que lo es.

Empezamos con una docena de navajas -que resultaron trece- limpias, frescas y en su punto de preparación y temperatura al servirlas, después cuatro menús. De primeros fideos con almejas y ternera, sabrosos, mejillones al vapor, frescos y abundantísimos y una sopa de pasta correcta y agradable. De segundos calamares a la plancha, frescos sabrosos y bien preparados y merluza a la gallega que merece una mención aparte. Dos buenos tacos de merluza fresca y sabrosa con patata gallega cocida - de esa en la que uno duda si lo bueno es la merluza o la patata y en la duda no deja ni rastro de ninguna de las dos- bañadas en una ajada a la gallega que rayaba lo sublime, ligera, sabrosa, aromática... una delicia. De postre una tarta de santiago mejorable y un buen licorcafé para que no se atragante.

Resultado de la operación 42.00 € -en total, no por persona- la satisfacción de haber dado con el lugar correcto y una promesa con convicción, volveremos.

Casa Durán
Virgen del Camino, 17
Pontevedra

Para comer como un Papa. No hace reservas.